4 de diciembre de 2015

TRECE


Tras varios días llegamos a las Montañas Rojas, una serie de elevaciones rocosas que recuerda al Cañón del Colorado aunque en las partes más bajas y recorridas por los numerosos ríos y arroyos que recorren la región se desarrolla una vegetación fluvial muy densa que se ubica en las zonas bajas de las formaciones montañosas. Los colores rojos arenosos de las montañas, todos los tonos de verde de la vegetación, el azul intenso del cielo, el sonido de los ríos al realizar su camino, me parece una región increíblemente bella. Las gentes que viven aquí son nómadas, viven de la recolección y comercio del aceite de morsa de río, animales muy parecidos a sus homólogos marinos, ricos en aceite de gran calidad muy apreciado por los países adyacentes por sus propiedades pirotécnicas, nutrientes o estéticos. Se usa para muchas cremas curativas y reparadoras, por ello alcanza un alto precio. Los habitantes de las Montañas Rojas han aprendido a recolectarlo de forma muy efectiva, sin matar al animal, con lo que siempre tienen una producción constante. En compensación los protegen de sus depredadores, como por ejemplo los laocardos, cuadrúpedos ciegos con bocas parecidas a las lampreas, son de color gris, sin pelo y con doble cola. Son un pueblo rico debido a esta práctica, tienen todo lo que se puede pedir, comida, joyas, agua…. Nos han acogido en uno de sus campamentos, practicamente nos han obligado a pasar la noche con ellos. Van montando y desmontando estos campamentos según se van desplazando. Tienen algunos pueblos más grandes en la ruta principal que es la que estabamos siguiendo en los que se comercia, sobretodo con el aceite de morsa de río. La ruta que seguimos es la que une los países del sur con los del norte, practicamente una recta y atraviesa esta región de las Montañas Rojas, lo cual las hace tener una situación inmejorable.


Son muy amables con nosotros, tanto por su carácter y riqueza como porque han reconocido a mi hermano Senka. Cuanto más al norte viajamos mi hermano es más conocido y se nos abren más puertas. Mi hermano ya se ha granjeado un nombre en este área del continente y comienza a ser muy respetado. Ya es general-comandante de su propia legión, lo cual te da una idea de la confianza que tiene el Rey y la Corte en él, siendo como es un dragón negro, antiguo enemigo de los países de la región. Se mueve con soltura entre los hombres, tiene el don de la palabra y lo usa con gran destreza. Siempre es políticamente correcto y tiene gestos amables con todos, desde el último soldado de su ejercito a los reyezuelos de esta región. En todos los ámbitos se siente cómodo y por ello se ha sabido ganar el respeto y fidelidad de muchas gentes. Mi hermano ha conseguido una gran fama entre las gentes de los reinos vecinos y del propio país de Raegis, al cual sirve. Los dragones y otros seres de gran poder han cobrado mucha fama entre los humanos, como lideres militares, gladiadores o guerreros. Son como los actores o jugadores de fútbol de nuestra realidad, para hacer una especie de comparación. Tienen gran poder e influencia, pueden conseguir muchas cosas, son ídolos, los nuevos dioses. Ganarse su favor puede suponer muchas ventajas para quien lo consiga.


Pasamos una agradable velada entre estas gentes de piel tostada y ojos claros. A nosotros también nos trataron bien pues sabían que algunos de nosotros podríamos ser los próximos en entrar en la “élite”. Además eramos dragones negros, se suponía que íbamos a estar ahí, en ese grupo de grandes guerreros, teníamos todo para ello y era rentable tratarnos bien. El hombre tiene muchas caras y muchos intereses y es bueno aprender esto desde bien temprano.