30 de noviembre de 2015

CINCO

-¿Donde está? ¿Donde está mi padre?- Preguntaba desesperado mientras agarraba del cuello a Rauth- ¡¡Decidme algo¡¡¡ La noche era negra como mi piel, llovía a mares y el agua recorria los senderos y heridas que encontraba en la roca desnuda y volcánica. Frecuentemente eramos iluminados por los múltiples relámpagos que la tormenta provocaba.
-¡¡¡Tu padre debe estar muerto¡¡¡ Entiendo tu dolor cachorro pero no hemos podido hacer nada, él vino personalmente a enfrentarnos. Tu padre se lanzo contra él y todo lo que pudimos ver fue sangre. Si nos retiramos no nos mata, pero tu padre le atacó. Quería matarlo. Solo recuerdo la sangre y nosotros escapamos, no había nada que hacer. -Rauth contestaba con una mezcla de miedo y verguenza, ….. era esto en lo que nos habiamos convertido, en ratas? en pájaros que con cualquier ruido escapan?
-Deberías haber atacado con él¡¡¡ Cobarde¡¡¡ Tu aqui vivo y mi padre muerto, debería matarte yo mismo Rauth, y lo mismo digo para tí Ablat, sois una verguenza, han muerto cuatro camaradas vuestros, con orgullo, de forma valiente y sin embargo vosotros estais aqui llorando y suplicando el perdón de un hijo.-Yo no podía contener mi furia. Llevaba ya dos semanas en el Acantilado de la Llamada, esperando, anhelando la vuelta de mi padre. El Acantilado de la Llamada es una pendiente escarpada con muchos recovecos, en el que las olas golpean de manera continua y potente. Alli vamos los familiares de los dragones que se dirijen a Silverträd y gritamos, rugimos con todas nuestras fuerzas, pues es la manera de que nuestros amigos o familiares encuentren el camino a nuestra isla.
Mi padre me había dicho que esta vez sería diferente y que lograría la victoria. La seguridad en si mismo le jugó una mala carta, y ahora esta muerto a manos de los elfos, sin que sus hijos y sus amigos puedan llorarle. Imagino que por eso se enfrento a su destino, encarando a los elfos en un combate a muerte. Silverträd es una tierra al oeste de nuestra isla, frondosa, verde, llena de vida………..llena de elfos. Digamos que es lo más cercano a una nueva vida que tenemos, pero jamás hemos podido ganar una batalla y por tanto no podemos asentarnos alli. No somos bien recibidos por sus habitantes de rostros frios y miradas calmas. No podemos redimirnos. Estamos condenados a esta tierra escasa, yerma y claustrofóbica, mientras ellos disfrutan de todos los dones de la naturaleza. Por eso nuestros guerreros enfrentan las adversidades del mar para luchar por un futuro para nuestra raza, pero no hacemos más que perder tiempo y vidas en el proceso. Nuestros guerreros llegan fatigados por el largo viaje y cuando llegan, los esperan elfos bien armados y diestros en el combate. Una tarea de locos y de locos intentarlo cada vez que podemos. Mi padre ha ido varias veces alli y siempre ha vuelto. Esta vez parece que no ha podido salvar la vida. Normalmente los elfos son piadosos y no nos matan si nos retiramos, a muchos de nosotros eso nos irrita más, nos ofrecen piedad, volver al agujero en el que vivimos. Perdonad que hable asi de la isla en la que nací, la frustración y la ira hablan por mi, no odio mi hogar, es solo que….. no es vida, al menos podríamos estar en mejores condiciones, amo esta tierra negra, pero necesitamos, necesito más espacio.
En fin, estabamos con Rauth, me disponia a golpearle, cuando mi hermano Akai me agarro del brazo y me dijo que los dejara, que bastante tenían con soportar su verguenza.
Mire fijamente a Rauth, y le pregunte algo muy sencillo: Dime al menos, ¿quien mató a mi padre?
-Rauth me miró y me dijo su nombre con miedo en los ojos: Giallad.
Hace ya unos treinta años de esto, pero para mi es una herida imborrable.

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