30 de noviembre de 2015

TRES

Llevamos en el puerto un par de días, se me están haciendo largos. Según me ha dicho August estamos esperando a un tercer barco que llega un poco más tarde que los nuestros. No sabía que había un tercer barco. En todo momento dos barcos hemos hecho el trayecto. Nos recogieron en nuestras isla, no se si llamarlo país, no nos gestionamos de esa forma, digamos que es nuestra patria, nuestro lugar de origen. Una isla negra como la noche, Svart.
Jamás he conocido otra cosa que esas rocas negras, esa arena oscura, la ausencia de toda vegetación y excasa vida. La crudeza de su climatología y la dureza de sobrevivir en esas condiciones ha moldeado nuestro carácter. No somos originarios de la isla negra, es nuestra cárcel, fuimos desterrados allí hace muchísimos años. Aunque ahora es nuestro hogar y hemos logrado amarlo y entendernos con nuestra nueva casa. De hecho yo he nacido allí, hasta llegar al continente no he conocido otra cosa que la isla y el mar que la rodeaba. Muchos de los viejos siempre dicen que tenemos lo que nos merecemos, otros claman venganza contra nuestros opresores, aunque no son muchos ya los que tienen esos deseos. La mayoría nos hemos adaptado, hemos sobrevivido. Ha sido más complicado para los mayores, ellos han vivido en otros lugares y los hechan de menos. Nos hablan de los árboles, los ríos, las grandes ciudades, los muchos animales que viven en el continente, de las razas que alli habitan y sus construcciones. A los que hemos hemos nacido en Svart todo eso nos parecen fábulas ya que solo conocemos la arena oscura y la roca negra en la que habitamos y el infinito mar que nos rodea. Ya os hablaré más de mi lugar de nacimiento en otro momento, tenemos tiempo.
Como os decía, vinieron a por nosotros en dos grandes barcos, los humanos son muy ingeniosos, eso lo debo de admitir, suplen otras carencias propias de su especie con un gran intelecto, imaginación y practicidad a la hora de llevar a cabo sus proyectos. En estos barcos pusieron todo lo anterior en movimiento para lograr un hito de su navegación, llegar a nuestra isla y lograr transportarnos al gran continente central. Todo había sido acordado muchos años antes. Grandes barcos de madera revestida, grandes velas principales, otras de repuesto en las bodegas, contenedores de agua y canalizadores de agua de lluvia, un huerto central con árboles incluso, animales vivos que les proveian de huevos y lácteos, muchas dependencias de ocio y distracción, hombres muy preparados y criados en el mar. Una suma de partes sin las que el todo de esta hazaña no se podría haber logrado pues el hombre es impaciente, y su mayor enemigo en duras condiciones es el mismo. Los elfos tienen más paciencia y logran realizar viajes más largos sin problemas. El hombre se irrita, se impacienta, se subleva, desconfía. Creo que este fue el mayor logro de toda la aventura de estos humanos, el convivir unos con otros durante tanto tiempo.
Mis dos hermanos y yo, junto con Shira, una hembra de mi especie, ibamos en uno de los barcos. Otros cuatro dragones negros iban en el otro barco. August nos contó que era cuestión de espacio y de probabilidades. Era mejor un máximo de cuatro por barco para que nuestro aprendizaje fuera más personalizado y de mejor calidad. A su vez, seguiamos trayectorias paralelas pero a distancia prudencial, para evitar que un evento catastrófico en nuestro viaje afectara a los dos barcos, así seria más probable que uno de los dos llegará al puerto de origen. Al principio me sentó mal, pero tenía cierta lógica. Por suerte llegamos los dos barcos.

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